Trabajo sí hay; lo que no hay es vergüenza

15 May

En las dos últimas semanas he tenido el placer de compartir cañas y cenas con varios de mis amigos más queridos, compañeros también en el oficio del periodismo y la edición. En ambos casos, puesto que fueron dos los encuentros, nuestra actualidad laboral fue uno de los temas de conversación que más tiempo nos ocupó. Dos de mis amigos han sido recientemente despedidos de la empresa para la que llevaban trabajando en torno a quince años, y el otro tuvo que buscarse las habichuelas en otro lugar ante las propuestas cada vez más a la baja que le iba haciendo la sociedad para la que se había dejado las pestañas durante los cuatro años anteriores. La crisis, la caída de ingresos, el “no hay un duro” y el consabido blablablá de mierda en estos casos los había desplazado a todos ellos, excelentes y comprometidos profesionales,  de sus puestos de trabajo. ¿O no?

Pues resulta que no, que para mi perplejidad todos ellos me contaron que, en realidad, seguían trabajando para sus antiguos empleadores, los mismos que les habían dado la carta de despido o llevado a un callejón sin salida con sus recortes. Una vez convenientemente neutralizados sus derechos laborales, los mismos sujetos que habían prescindido de ellos por razones empresariales habían vuelto a solicitar sus servicios profesionales a cambio de una tarifa a negociar.

Vamos, que el mismo caradura que hasta hace unos meses negaba dramáticamente con la cabeza ahora invita a comer a mi amigo y le pide que le saque de apuros al precio que proponga éste. Él, que sigue viajando desde Madrid cada semana en el AVE para disfrutar en su ciudad de fines de semana de tres días, que vive en la capital en un céntrico apartamento pagado con dinero público y que basa su actividad laboral en nadar, guardar la ropa y mirar para otro lado en el submundo de los politiqueos de segunda división (pero muy bien remunerados). El mismo desvergonzado que meses atrás obligó a mi amigo a ir a trabajar aun con una baja médica provocada por un grave percance, o el que iba a explicar ante su junta directiva que la desaparición de ese puesto de trabajo se debía a un descenso en su rendimiento laboral, ahora arroja todos los pelillos a la mar. Y mi amigo, que tiene que pagar el alquiler cada mes, y la luz, y el agua, y comer cada día, se traga esos pelillos, y la mar, y lo que cojones haga falta, en lugar de mandar a ese golfo adonde se merece.

Lo mismo pasa con mis otros amigos, que desde que fueron despedidos por su empresa nunca habían trabajado tanto para ella. “No puedo pensar en otros proyectos, porque de momento los encargos de esta gente ocupan todo mi tiempo”, me dice uno de ellos para tratar de explicarme el demencial bucle en el que se ve atrapado, entre el despido reciente y la dependencia actual del mismo matón laboral que le ha puesto en la calle la semana pasada.

“Vamos, que trabajo sí hay, ¡lo que no hay es vergüenza!”, exclamo. Y ellos me miran, algo sorprendidos, y uno me contesta, casi enternecido: “Joder, Ilde, ¿con los años que llevas en esto y todavía estás así?” Y yo me callo, porque no sé ni qué decir.

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8 comentarios to “Trabajo sí hay; lo que no hay es vergüenza”

  1. Carol mayo 15, 2013 a 10:10 am #

    Efectivamente, trabajo sí que hay, en muchos sectores. La otra cara de la moneda, es, la de los pocos que vamos quedando en las empresas, salvándonos no se ni cómo por milagro, que, además de nuestro trabajo, tenemos que hacer el de todos los que ya han salido por la puerta, y que en otras empresas ¿serias? no vuelven a contratar ni a contactar con ellos. Y contentos, eh? de estar ahí todavía al pie del cañón…

    • ildefonsogarcia mayo 15, 2013 a 10:36 am #

      En efecto, Carol, esa es otra de las caras siniestras de este mercado que nos está quedando.

  2. Julio mayo 15, 2013 a 10:27 am #

    ¡Esto no me suena de nada, jajajaja! En esta profesión, yo casi podría hacer una lista más larga de los que de una u otra forma están en la segunda división invisible que de los que mantienen su tarjeta de visita inviolada… ¿O a ti no te han ofrecido fórmulas, alternativas o un último favorcillo después del agáchate y patada en el culo?
    Pero me imagino que hace falta o mucha dignidad o un bolsillo bien armado o una decisión de régimen de adelgazamiento para devolver la patada, aunque sea con vaselina o con el dedo cordial mirando al cielo.

    • ildefonsogarcia mayo 15, 2013 a 10:40 am #

      La verdad es que no me lo han ofrecido, imagino que porque mis servicios no les merecían ya mucho la pena. En cualquier caso, mi solidaridad, cariño y comprensión con todos los compañeros y trabajadores que sufren estas situaciones y mi más absoluto desprecio para los que se aprovechan de ellos de esta forma.

  3. Mariano mayo 15, 2013 a 3:34 pm #

    Que verguenza. Que sociedad tal falta de valores y honor. Ya sabemos que con eso no se come…, pero es que se empieza por ceder en ciertas cosas y se acaba vendiendo el alma al diablo…y si no…y el tiempo nos dirá. Bravo hermano. Gran reflexión has dejado aquí plasmada.

    • ildefonsogarcia mayo 16, 2013 a 3:27 pm #

      Es así de duro, Mariano. El problema es que el miedo es lo que ahora mueve el mercado laboral. El miedo y la necesidad, y ante estas dos contudentes razones es complicado no ceder.

  4. Julia mayo 16, 2013 a 12:41 pm #

    ¡Qué razón tienes! Es muy triste, pero es la realidad. Hay necesidad (pagar la hipoteca, comer…) y hay miedo, miedo a quedarse fuera de un sistema que, si estás dentro te exprime, y si te sales (o te echan) te ignora. O lo tomas o lo dejas. Pero nos vienen bien estas reflexiones que te remueven por dentro y te hacen plantearte dónde está el límite (si es que lo hay). Bravo, Ilde. Gracias.

    • ildefonsogarcia mayo 16, 2013 a 3:28 pm #

      Así es, Julia. Pero, como reza el nombre de este blog, que al menos nos quede siempre molestar… Saludos.

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