Señales muy alarmantes

12 Feb

Anoche no pegué ojo. Estoy preocupado, lo confieso. Veo señales que me alarman. Aún no son cosas comunes, qué va, afortunadamente. Son excepciones, sin duda, porque de otro modo esto no sería viable, pero excepciones que no conviene despreciar a la ligera. Si no somos firmes corremos el peligro de perder la sociedad que entre todos hemos construido. Por eso me gustaría avisarles a ustedes desde este escrito, para que luego no se llamen a engaño.

Por ejemplo, la otra tarde casi se me salta el corazón del pecho cuando un excompañero del periódico, al que llevaba años sin tratar, me contestó en pocos minutos un mensaje que le dejé en el Twitter. Por si fuera poco, en la brevedad a la que te acota ese artificio social se mostró incluso cariñoso. Pasé varias horas dándole vueltas al asunto, tratando de discernir en qué podía haber fallado en mi relación con ese muchacho para que se aviniera a contestarme con esa amable celeridad.

Al hilo de estos pensamientos recordé que hace un par de semanas también obtuve una rápida y cordial respuesta afirmativa de una editorial a la que me dirigí por correo electrónico, ofreciéndome a enviarles el manuscrito de una novela que acabo de terminar. Mi reacción fue tan irreflexiva, debido a la sorpresa, que les envié por la misma vía el texto casi de inmediato. Por fortuna, todavía no he recibido su acuse de recibo, porque de otro modo esto sería como para volverse loco.

Y es que no se me van de la cabeza estas dichosas señales que digo. Por eso ando más atento que nunca. Y lo que veo no me gusta nada. El sábado, sin ir más lejos, observé perplejo cómo un joven recogía con una bolsita las deposiciones que había dejado su perro sobre la acera. Me tuve que contener para no tener que llamarle la atención. ¿Es que no tenía ojos en la cara? Toda la calle, justo enfrente de un colegio, plagada de minas, y él tan listo, privando a los niños de su desafío diario para evitarlas. Qué tipo.

En fin, no quiero aburrirles con mis paranoias. Sé que lo que aquí les cuento son cosas muy anormales, y que quizá me obsesionen debido a mi tendencia a ahogarme en un vaso de agua, pero el caso es que ahí están, para el que las quiera ver.

¡Ah, y lo del domingo! Tomaba con un buen amigo una cerveza y de pronto me soltó de sopetón que andaba con la autoestima por los suelos, porque su suegra había depositado en él plena confianza para que le gestionase los ahorros de toda la vida. Me dijo que algo se olía desde hacía tiempo, porque en las veladas familiares le suelen encomendar a él la vigilancia de la limpieza de los juegos de azar con los que se entretienen, e incluso sus amigos lo eligen para que se ocupe de pagar las rondas con los fondos reunidos a escote. “¿En qué he podido fallar?”, me preguntó deshecho. Y yo sólo pude pedir otras dos cervezas y darle un sentido abrazo. De todos modos, antes de que se pudiera dar cuenta me comí yo solo en un santiamén los dos pinchos que nos puso el camarero. Para que espabile.

Estén atentos, ya les digo, porque aunque sea poca cosa, ya saben lo del cesto y la manzana podrida. No quiero ni pensar que algo así pudiera ocurrir entre nuestra clase dirigente. Casi prefiero no mirar. Qué alivio lo de la Infanta, por cierto, porque por un momento, con aquello que dijo su abogado de que estaba deseando declarar, temí que su memoria la traicionase y nos hundiera a todos en la miseria. Gracias, Cristina. En estos casos, siempre nos quedará la Monarquía. Así, con mayúscula y majestad.

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4 comentarios to “Señales muy alarmantes”

  1. Carmen febrero 12, 2014 a 8:52 pm #

    Muy bueno, Ilde, pero estate tranquilo que esas señales desaparecen enseguida. De repente a tu amigo se le pone una cara de acelga cuando lea tu twiter y pase de contestar o quizás lo haga con una mala palabra acordándose de aquella noticia que él quiso hacer y te la endosaron a ti. O la editorial te diga “cariñosamente” que no tienen espacio para tu nueva novela, eso sí, la repuesta no sería antes del 2016 porque eso de leer cuesta mucho. O quizás a la infanta le de por comer rabos de pasas y recupere su maltrecha memoria y cuente lo que todos ya sabemos. Bueno, pero por ahora, por qué no, disfruta del momento. Un beso.

    • ildefonsogarcia febrero 13, 2014 a 7:23 am #

      Hola, Carmen. Qué bueno es siempre encontrarte por aquí. Sí, desde luego, esperemos que estas alarmantes señales sean sólo transitorias, ja ja. Un beso

  2. Julio febrero 13, 2014 a 9:18 am #

    Jajaja, ¡Ciertamente son alarmantes! ¡Esto es un tema de abducción! Y menos mal que el infantazgo nos devuelve a la realidad…

    • ildefonsogarcia febrero 13, 2014 a 11:58 am #

      Eso es, menos mal, querido Julio, ja ja (y gracias por la inspiración)

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