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El bricolaje o yo

28 Nov

20141129_093021

Pretender apretar un grifo y, sin saber cómo, acabar una hora después ahorcado por el cable de la ducha. Estas cosas pasan, las he visto en películas o series de televisión. De hecho, aún me estremece lo del pobre López Vázquez encerrado en aquella cabina. El mal en estado puro puede acechar a la vuelta del quiosco de periódicos, el buzón de correos o el chino de la esquina.

Hace unos minutos he estado a punto de sucumbir a una de esas inexplicables tragedias domésticas. Por fortuna, la persuasión de mi señora o mi poca constancia, o una combinación de ambas cosas, ha hecho que desistiera a tiempo de mi fatal obcecación.

Todo empezó el miércoles pasado, cuando dos obreros vinieron a casa a instalar la conexión de antena de la tele y varias nuevas tomas de enchufe en la habitación de Lucía, que como ya se ha hecho mayor necesita nuevos muebles, y con ello nuevos de todo.

Con la reforma, decidimos fijar a la pared, bajo el tablero de la mesa, una de esas regletas con varias tomas para enchufes. Algo discreto, limpio, con su interruptor rojo común. Tan sencillo como bajar al chino de enfrente, comprar algo barato y que el currela nos lo pusiera a la altura convenida. Sin embargo, cinco minutos después, el honrado trabajador me explicaba en rumañol que aquello no servía, que no llevaba los anclajes para fijar a la pared, que no sé qué cojones. Yo asentí, sumiso.

Bajé a la tienda, y el también honrado comerciante oriental me miró desconcertado y me dijo que de eso no había. Le puse la regleta sobre el mostrador esperando que me devolviera la pasta, pero él se puso a hablar en chino con su compañera. “Falta funda”, me espetó. Tenía razón, así que subí otra vez a casa, recuperé el envoltorio de plástico y se lo bajé.

El chino procedió a reintroducir la regleta, aún sin desenvolver, en la funda de plástico que la había contenido, rota. La mirada helada que me lanzó al reintegrarme el importe aún me quita el sueño. El mundo asiático es tan misterioso…

El viernes por la mañana, mi mujer me informó por correo electrónico de que había encontrado la regleta idónea para nuestros propósitos en el Leroy Merlin: Base múltiple lexman, seis tomas rotatorias. Sonaba acojonante. El sábado por la mañana iríamos a por ella.

Sin embargo, el viernes por la tarde cometí el error de salir a dar una vuelta. Solo, para mayor imprudencia. Enardecido por un día en el que me habían ido las cosas razonablemente bien, entré sin pensármelo dos veces en la ferretería del barrio, la de toda la vida.

Me atendió muy amablemente una señora suramericana que estaba escuchando a Julio Iglesias, lo cual me hizo empatizar inmediatamente con ella. Le expuse el motivo de mi visita y comenzó el horror.

Me sacó una regleta de cinco tomas, con su bonito interruptor común. Rojo. Pero algo fallaba, observé. No había cable. La señora me explicó –en esos momentos sonaba Me olvidé de vivir– que había que comprarlo aparte. No hay problema, deme un metro, por favor, y no se hable más.

Ya tenía sobre el mostrador la regleta y el cable, pero… ¡Un momento!, ¿no debería llevar esto el enchufe en un extremo? La señora me miraba como si fuera tonto (ya me ha calado, pienso). ¿Y tienen el enchufe macho? Casi temblaba de pensar que a esas alturas todo se viniera abajo. Pero sí, lo tenía.

¿Y esto, cómo se monta? Entonces la señora, con mucha paciencia –ahora sonaba Quijote, y Julio cantaba eso de que “mi Dulcinea dónde estaráaaaaa”–, me proporcionó una clase práctica de desmontaje de tornillitos, apreturas de cables que debía pelar –es muy importante que los dejes larguitos, que si no no te dan–, y remontaje –te lo pongo en un sobrecito, para que no se te pierdan los tornillos.

Las instrucciones parecían sencillas, a primera vista, pero ella sabía que yo no tenía nada que hacer. Me preguntó si quería que lo dejara a medio desmontar, y se ofreció a que se lo llevara a la tienda, si se me complicaba la cosa. La señora lo tenía claro, y yo también. Pero pagué, sonreí, y salí de la tienda con la certeza de que había vuelto a equivocarme.Yo sólo quería comprar una simple regleta, con su cable y su enchufe incorporados. Ni siquiera sabía que existieran por separado, que hubiera que montarlos como a Frankestein. O al menos que tuviera que hacerlo yo. Precisamente yo.

Caminé hacia casa con la convicción de que cada día soy más bobo. Cuando llegué y le expliqué torpemente a mi mujer mi gestión, ya no me cabía la menor duda. Y, sin embargo, me lancé de cabeza al fango, sabiendo que mi único destino era hundirme en él.

Me proveí de varias herramientas que creí me pudieran servir, aunque estaba seguro de mi fracaso. A continuación se sucedió el despropósito: vaya mierda de destornillador que tengo, el tornillo no agarra. No agarra el tornillo. No gira, no gira, hijo puta, me cago en los chinos, no volvemos a comprar ni un moco en los chinos, coño.¡Ya está, ya lo he enganchado! ¿El qué va a ser, cariño?: los putos filamentillos estos de cobre. Es que los tornillitos estos son tan pequeños… ¡Coño, se ha soltado otra vez !

¿Y cómo vende esa mujer de la ferretería cosas así? Claro, lo guardará para los tontos del barrio. Me vería la cara nada más entrar: “¡Mira, otro al que le encasqueto la regleta mecano!”, pensaría. Son cosas que tiene reservadas para los gilipollas. Ella los huele, los detecta… Pobre señora, con lo bien que me trató. Ahora me arrepiento de esos pensamientos funestos.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, veinte veces vuelvo a apretar, inasequible al desaliento, los minúsculos tornillos que deben apresar los cables cobrizos. No hay ángulo para ello, pero juro que lo intento muchas veces. Mi mujer se preocupa, porque empiezo a maldecir, y digo cosas que casi no se me entienden. Déjalo, me dice. No cedo, pero oigo de fondo en la tele un documental sobre el macho alfa de no se qué especie, y la oigo reírse, a la cabrona.

Un rato después, la regleta, el metro de cable y el enchufe descansan en el cubo de basura, junto con mi orgullo y el resople de alivio de ella.

Mañana, temprano, conduciré hasta el Leroy Merlin: Base múltiple lexman, seis tomas rotatorias.

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